Las intervenciones no farmacológicas −como la intervención en los hábitos de vida− son cruciales tanto para la prevención primaria como para la secundaria de enfermedad cardiovascular. La meditación, un tipo de intervención coste-efectiva de bajo riesgo, puede determinar una disminución del estrés, una mayor capacidad de atención plena (mindfulness) y mejores índices de salud psicológica, así como cambios neurofisiológicos y neuroanatómicos a largo plazo. Numerosos estudios han evaluado los potenciales beneficios para la salud de la meditación. Aunque los datos están lejos de ser definitivos, se sugiere que la meditación puede tener efectos beneficiosos sobre la presión arterial, el nivel de colesterol, dejar de fumar y el riesgo cardiovascular general.
De este modo, ya en 2017, la Declaración Científica de la Asociación Americana del Corazón sobre la meditación y el riesgo cardiovascular sugirió que esta podía ser beneficiosa para la reducción del riesgo cardiovascular y, por lo tanto, podía considerarse como un complemento de las intervenciones de reducción del riesgo cardiovascular recogidas en las guías. De este modo, la meditación podría aumentar potencialmente la relajación física y mental, lo que llevaría a mejores resultados después de un evento cardiovascular importante.
Los investigadores de un nuevo estudio llevado a cabo para corroborar esta relación, establecieron la hipótesis de que la meditación estaba asociada con un menor riesgo cardiovascular en la población general de Estados Unidos. Para ello, utilizaron datos de la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud (NHIS) de los años 2012 y 2017, identificaron a todos los pacientes con hipercolesterolemia, hipertensión sistémica, diabetes mellitus, accidente cerebrovascular y cardiopatía isquémica, así como aquellos que informaron sobre sus prácticas de meditación.
Se llevaron a cabo análisis de regresión logística multivariable para evaluar la asociación entre la meditación y el riesgo de hipercolesterolemia, accidente cerebrovascular, cardiopatía isquémica y el resto de variables cardiovasculares, ajustando los resultados por los posibles factores de confusión. De los 61.267 participantes de la NHIS, 5.851 (9,6%) llevaron a cabo alguna práctica de meditación.
Después de ajustar por edad, sexo, IMC, raza, estado civil, tabaquismo, duración del sueño y depresión, los resultados mostraron que la meditación se asoció de forma independiente con una menor prevalencia de hipercolesterolemia (Razón de Probabilidad u Odds Ratio [OR]: 0,65; IC 95%: 0,54-0,79; p= 0,001); hipertensión (OR: 0,86; IC 95%: 0,75-0,99; p = 0,04); diabetes (OR: 0,70; IC 95%: 0,59-0,84; p= 0.0001), accidente cerebrovascular (OR: 0,76; IC 95%: 0,58-0,99; p= 0,04), o cardiopatía isquémica (OR: 0,51; IC 95%: 0,39-0,66; p <0,001), en comparación con aquellos que no ponían en práctica la meditación.
En conclusión, utilizando una gran base de datos nacional estadounidense, los resultados del estudio muestran que la meditación se asocia con un menor riesgo cardiovascular, aunque el consumo de alcohol y la actividad física podrían ser factores de confusión a considerar.

Fuente: The American Journal of Cardiology